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Desde 1978, el Equipo de Investigación de Atapuerca (EIA) lleva a cabo excavaciones arqueopaleontológicas sistemáticas en los yacimientos de la sierra de Atapuerca. El EIA, integrado por más de 150 investigadores multidisciplinares, está dirigido por los doctores Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell. Las campañas de excavación son financiadas por la Junta de Castilla y León. La Fundación Atapuerca, en el marco de su labor de apoyo a la investigación, colabora en diversos ámbitos con la campaña.

Las campañas de excavación se desarrollan en la sierra cada verano, normalmente entre la segunda quincena de junio y finales del mes de julio. Durante esos 45 días, doctores, investigadores, doctorandos y estudiantes acuden a Atapuerca para excavar distribuidos en 5 puntos de trabajo:

 

La jornada de excavación comienza a las 9h de la mañana y finaliza a las 15h. La primera labor, antes de comenzar la campaña es dividir la superficie de los yacimientos en cuadrículas de un metro cuadrado para repartirlas entre los excavadores. Este paso es imprescindible para coordenar las piezas que se extraen con la máxima precisión.

Una excavación arqueológica conlleva un trabajo de documentación muy minucioso. Cuando se encuentra un objeto se introduce en una agenda electrónica (PDA) la información relativa a la fecha del hallazgo, el yacimiento, nivel arqueológico y el cuadro donde se ha encontrado, sus coordenadas (x, y, z), su orientación e inclinación sobre el terreno, el material que la compone, y un número correlativo a dicho cuadro y a dicha campaña. A continuación, los datos de referencia de la pieza se imprimen en una etiqueta autoadhesiva que va en la bolsa de autocierre donde se guarda el objeto extraído. En el proceso de excavación además se recoge todo el sedimento originado en sacos para luego trasladarlo al río, donde se lavan los sacos con el sedimento de cada uno de los yacimientos de la sierra de Atapuerca. Estos sacos también llevan una etiqueta con la fecha, el yacimiento y nivel, la cuadricula, y la cota en la que se está trabajando. El trabajo de lavado y secado de material se realiza en el río Arlanzón a su paso por el pueblo de Ibeas de Juarros. Una vez lavado y tamizado, el sedimento se separa por tamaños de grano y se deja secar para llevar a cabo el triado, proceso en el que se separan los restos fósiles de la tierra. Todo este material se mete en bolsas también etiquetadas.

Tras la jornada de excavación, por las tardes continúa en los laboratorios el trabajo. La primera labor es revisar todas las bolsas con el material extraído durante la mañana y comprobar que los datos introducidos en la PDA concuerdan con la pieza recuperada. Seguidamente, se separan las bolsas por materiales bien sean industria lítica o fauna y, en casos muy excepcionales, restos humanos, para que los especialistas en cada disciplina los puedan analizar y clasificar. También este es el momento de dirigir al laboratorio de restauración los materiales que necesitan ser intervenidos antes de poder proceder a su estudio. Como el resto del EIA, los conservadores-restauradores participan con normalidad en la excavación y, en ocasiones determinadas, son requeridos para intervenir en las extracciones de las piezas más complejas: es un trabajo especializado, que requiere muchos conocimientos y experiencia.

Una vez acabada la clasificación de las bolsas, la fauna pasa directamente a la lupa binocular donde los tafónomos comprueban si presentan marcas de corte, mordeduras, u otras señales en su superficie, mientras que la industria es analizada por los especialistas para, entre otras cosas, buscar marcas de uso.

A continuación, se lava el material que no va a restauración y se deja secar. Al día siguiente, se realiza el siglado de las piezas, que consiste en marcarlas con un código de identificación que indica su procedencia mediante un rotulador indeleble y una capa de barniz que protege la pieza, aunque también estará guardada en su bolsa con su etiqueta correspondiente.

Una vez finalizada la campaña, los yacimientos se cierran cubriendo las áreas de excavación con geotextil, una tela permeable que las protege durante el invierno. El material que se ha extraído durante toda la campaña se traslada a los laboratorios de los centros de investigación y universidades donde trabajan los miembros del EIA, y donde se investiga a fondo cada objeto.

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