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Turismo Geológico

Noviembre 2017

Emiliano Aguirre y el inicio de un gran proyecto

ANA ISABEL ORTEGA / EIA

En el recorrido por los personajes que con su empeño e ilusión descubren la importancia de los yacimientos de Atapuerca, hay un año clave, 1976. En agosto de ese año, Trinidad de Torres planteó una serie de excavaciones en los yacimientos con motivo de su tesis doctoral sobre osos del Pleistoceno, y descubrió los primeros fósiles humanos. Este excepcional hallazgo motivó que Emiliano Aguirre, director de tesis de Torres, en apenas un par de meses enviara a la por entonces Comisión Asesora para el Desarrollo de la Investigación Científica y Técnica (CAICYT), la solicitud de un proyecto de investigación por dos años (1977-1979) titulado "Excavaciones en el yacimiento de fósiles humanos de la Sierra de Atapuerca", que representa el inicio de la investigación actual.

Este proyecto ya mostraba una visión interdisciplinar del estudio sobre la evolución humana. Compuesto por un equipo de 15 investigadores y técnicos de trece instituciones, con espíritu conciliador quería incorporar a quienes ya habían trabajado en estos yacimientos, como Trinidad de Torres (subdirector), Francisco Jordá (Universidad de Salamanca) y José Luis Uribarri (Grupo Espeleológico Edelweiss). La modernidad del proyecto se plasma además en el convencimiento de obtener con la excavación sistemática "la recuperación de nuevos fósiles humanos y otros datos ambientales que podrían constituir la representación más rica de homínidos en Eurasia y norte de Europa y decisiva para el origen y primera evolución del hombre en Europa". Y se muestra insólitamente profético al señalar que la intervención deberá servir, "como recurso nacional de carácter científico y cultural, para la investigación paleontológica y cuaternarista, para prácticas de departamentos universitarios y para el desarrollo cultural y turístico en la región de Burgos".

Como en todo proyecto, los inicios son duros, y durante 1977 se centró en los trabajos de preparación de las excavaciones, con especial interés en el replanteamiento topográfico de Cueva Mayor y Cueva del Silo, desarrollado por los miembros del Grupo Espeleológico Edelweiss de la Diputación Provincial de Burgos. Este trabajo se inició el 13 de febrero de 1977 y finalizó íntegramente unos meses después, cumpliendo el objetivo de “realizar un cierre topográfico de gran precisión entre las dos cavidades ya citadas y el exterior, perforando una galería en el punto de menor separación”.

En el año 1977 fue también un año importante para el desarrollo del Proyecto, porque durante el congreso de prehistoria que se celebró en Morella (Castellón), Emiliano Aguirre conoció a Eudald Carbonell, un joven y entusiasta paleolitista, que desde ese mismo instante vincularía su vida profesional al Proyecto Atapuerca.

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